martes, 27 de diciembre de 2016

EL LUGAR QUE NO CONOCES



(¿Existe una política cultural regional?)
Por Guillermo Rebaza Jara

Hace unos días se inauguró, por todo lo alto, en el Centro Cultural Constante Traverso, la ya célebre muestra “Cuando la gráfica es amarga” del artista Álvaro Portales. Es la misma exposición que fuera CENSURADA por el señor David Calderón, director de la Casa de la Identidad Regional.

Lejos de las patéticas excusas que ofreció, vale preguntarse qué razones de fondo llevaron a este funcionario a tomar esta medida. Nadie lo sabe, quizá nunca se sepa, pero en cualquier caso esa infame decisión forma parte ya de una extensa lista de agravios colectivos perpetrados desde el poder, y que, en este caso, ofende precisamente aquellos valores que destacan nítidamente en la obra de Portales: memoria, dignidad, resistencia. Y también humor negro.

Pero si alguna lástima provoca esa visión profundamente reaccionaria de las altas instancias del gobierno regional –pues finalmente desde arriba se permitió tan descarada censura–, igual o mayor preocupación debiera despertar en la ciudadanía la situación en que se encuentra ese histórico inmueble, otrora conocido como “Centro Viejo”. Veamos.

El año 2010 el Gobierno Regional de La Libertad y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) suscribieron un Convenio de Asistencia Técnica denominado “Proyecto 0058325-Centro Viejo – Casa de la Identidad Regional de La Libertad”. Posteriormente, el año 2013, se formuló el proyecto “Implementación de los Servicios Turísticos de Observación e Interpretación de la Cultura Liberteña en la Casa de la Identidad Regional” (código SNIP 263547).

Más allá de formalismos, que se manejan en ciertas instancias del Estado, el objetivo fundamental consistía en ofrecer a la comunidad un gran espacio físico que exponga los procesos de evolución de las comunidades de esta región, desde sus orígenes hasta nuestros días, constituyéndose pues en un magnífico lugar de encuentro, convivencia y reflexión hacia el Bicentenario de la República. Un museo, vamos. Pero un museo vivo, interactivo, con los últimos avances de la tecnología, al mejor estilo de los que tiene Lambayeque, para no ir a Ecuador o Colombia, que lejos nos quedan. Por ahora, estimado lector, ese lugar no existe.

En efecto, seis años después, nada de aquello se ha hecho. A duras penas se ha restaurado esta casona –y mal–. Los pisos lucen chirriante porcelanato y, por increíble que parezca, no hay baños donde el respetable acuda a hacer sus necesidades. Y desde su repentina inauguración, hace unos dos años, la Casa de la Identidad Regional se está usando para actividades que no están necesariamente dentro de sus fines. La mayoría de eventos programados son, hay que decirlo, mediocres (no todos, por cierto), y evidencian un manejo errático y distante de la visión que propuso el proyecto original, donde intervino un equipo profesional del más alto nivel.

Así estamos con esta iniciativa que un día fue. En nada, o casi en nada. Y hasta el momento no sabemos qué esperan los consejeros regionales para pedir cuentas al responsable de este proyecto, que, demostrado está, le da por meter su cuchara donde no debe ni sabe. Hace rato que debería estar en su casa y en ayuno, a ver si algo va aprendiendo de gestión cultural.


T/20/12/2016

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