Escribe: Ángel Gavidia
No tengo respuestas por lo tanto no tengo culpables. Sólo
tengo preguntas y una suerte de amedrentado sentimiento. Porque Eduardo Glicerio
Romero Naupay no es el origen de esta tragedia que nos enluta a todos. Es solo
el síntoma. Si Glicerio hubiera nacido
en Suecia, pienso, otro hubiera sido su destino. Pero nació en el Perú.
Hacen algunos años vi como un hombre, sujeto a su carretilla
de helados, era arrastrado por un carro municipal. Parecía que hombre y
carretilla eran parte del mismo cuerpo. Y quizás era cierto. Sin su instrumento
de trabajo, sin la posibilidad de ganarse unos soles para su hogar precario, el
hombre simplemente moriría.
Por otro lado, la formalización es una necesidad. De mi casa
al hospital donde trabajo hay varias cuadras, muchas de las cuales yo las hago
caminando por la pista porque los ambulantes han tomado literalmente las
veredas. Todas las mañanas camino toreando carros y charcos. Es claramente un
exceso, un abuso. Pero veo la última
foto de Romero Naupay. Está uniformado y atendiendo diligentemente a un
comensal. Me parece, mirado desde aquí,
un ambulante tolerable. Y
siguiendo al presidente Kuczysnki, quizá, en estos duros años, un poco de
ambulantes no está mal.
Refieren los vecinos de Eduardo Glicerio que era un
parroquiano común y “buena gante”. Figura en la internet un figureti con poses de malo a lo “Cara
cortada” o algo así, dicen sus compañeros de trabajo que vivía constantemente
amenazado por los fiscalizadores de la municipalidad y hasta extorsionado por
ellos y que la última vez le intentaron confiscar su carrito sanguchero.
Esto fue el detonante.
La gota que rebalsó el
vaso de una personalidad anormal con
“aguante” insuficiente para la diaria agresión que significa sobrevivir
en las calles de Lima. Y mató a su aparente agresor y luego disparó contra
todos. Contra la sociedad en su conjunto. Y a todos nos hirió poco o mucho.
El poeta Nicolás
Guillen y el cantante Daniel Viglietti hicieron una canción que dice: Me matan si no trabajo/ y si trabajo me
matan. / Siempre me matan, me matan, hay, / siempre me matan .Creo que
estos versos algo o bastante explican la
sociedad esquizofrénica (por las órdenes contradictorias que dicta) en la cual
vivimos.
Me quedo con la angustiosa
sensación que el loco del carrito
sanguchero es un gravísimo síntoma que no podemos ni debemos obviar.
Trujillo, 19 de febrero
del 2017
