lunes, 20 de febrero de 2017

EL LOCO DEL CARRITO SANGUCHERO


Escribe: Ángel Gavidia

No tengo respuestas por lo tanto no tengo culpables. Sólo tengo preguntas y una suerte de amedrentado sentimiento. Porque Eduardo Glicerio Romero Naupay no es el origen de esta tragedia que nos enluta a todos. Es solo el síntoma.  Si Glicerio hubiera nacido en Suecia, pienso, otro hubiera sido su destino. Pero nació en el Perú.
Hacen algunos años vi como un hombre, sujeto a su carretilla de helados, era arrastrado por un carro municipal. Parecía que hombre y carretilla eran parte del mismo cuerpo. Y quizás era cierto. Sin su instrumento de trabajo, sin la posibilidad de ganarse unos soles para su hogar precario, el hombre simplemente moriría.
Por otro lado, la formalización es una necesidad. De mi casa al hospital donde trabajo hay varias cuadras, muchas de las cuales yo las hago caminando por la pista porque los ambulantes han tomado literalmente las veredas. Todas las mañanas camino toreando carros y charcos. Es claramente un exceso, un abuso. Pero veo la última  foto de Romero Naupay. Está uniformado y atendiendo diligentemente a un comensal. Me parece, mirado desde aquí,  un ambulante tolerable. Y siguiendo al presidente Kuczysnki, quizá, en estos duros años, un poco de ambulantes no está mal.
Refieren los vecinos de Eduardo Glicerio que era un parroquiano común y “buena gante”. Figura en la internet  un figureti con poses de malo a lo “Cara cortada” o algo así, dicen sus compañeros de trabajo que vivía constantemente amenazado por los fiscalizadores de la municipalidad y hasta extorsionado por ellos y que la última vez le intentaron confiscar su carrito sanguchero.  
Esto fue el detonante. 
La gota que rebalsó el vaso de una personalidad anormal con  “aguante” insuficiente para la diaria agresión que significa sobrevivir en las calles de Lima. Y mató a su aparente agresor y luego disparó contra todos. Contra la sociedad en su conjunto. Y a todos nos hirió  poco o mucho.
 El poeta Nicolás Guillen y el cantante Daniel Viglietti  hicieron una canción que dice: Me matan si no trabajo/ y si trabajo me matan. / Siempre me matan, me matan, hay, / siempre me matan .Creo que estos versos  algo o bastante explican la sociedad esquizofrénica (por las órdenes contradictorias que dicta) en la cual vivimos.
Me quedo con la angustiosa sensación  que el loco del carrito sanguchero es un gravísimo síntoma que no podemos  ni debemos obviar.



Trujillo, 19 de febrero del 2017

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