martes, 27 de diciembre de 2016

EL LUGAR QUE NO CONOCES



(¿Existe una política cultural regional?)
Por Guillermo Rebaza Jara

Hace unos días se inauguró, por todo lo alto, en el Centro Cultural Constante Traverso, la ya célebre muestra “Cuando la gráfica es amarga” del artista Álvaro Portales. Es la misma exposición que fuera CENSURADA por el señor David Calderón, director de la Casa de la Identidad Regional.

Lejos de las patéticas excusas que ofreció, vale preguntarse qué razones de fondo llevaron a este funcionario a tomar esta medida. Nadie lo sabe, quizá nunca se sepa, pero en cualquier caso esa infame decisión forma parte ya de una extensa lista de agravios colectivos perpetrados desde el poder, y que, en este caso, ofende precisamente aquellos valores que destacan nítidamente en la obra de Portales: memoria, dignidad, resistencia. Y también humor negro.

Pero si alguna lástima provoca esa visión profundamente reaccionaria de las altas instancias del gobierno regional –pues finalmente desde arriba se permitió tan descarada censura–, igual o mayor preocupación debiera despertar en la ciudadanía la situación en que se encuentra ese histórico inmueble, otrora conocido como “Centro Viejo”. Veamos.

El año 2010 el Gobierno Regional de La Libertad y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) suscribieron un Convenio de Asistencia Técnica denominado “Proyecto 0058325-Centro Viejo – Casa de la Identidad Regional de La Libertad”. Posteriormente, el año 2013, se formuló el proyecto “Implementación de los Servicios Turísticos de Observación e Interpretación de la Cultura Liberteña en la Casa de la Identidad Regional” (código SNIP 263547).

Más allá de formalismos, que se manejan en ciertas instancias del Estado, el objetivo fundamental consistía en ofrecer a la comunidad un gran espacio físico que exponga los procesos de evolución de las comunidades de esta región, desde sus orígenes hasta nuestros días, constituyéndose pues en un magnífico lugar de encuentro, convivencia y reflexión hacia el Bicentenario de la República. Un museo, vamos. Pero un museo vivo, interactivo, con los últimos avances de la tecnología, al mejor estilo de los que tiene Lambayeque, para no ir a Ecuador o Colombia, que lejos nos quedan. Por ahora, estimado lector, ese lugar no existe.

En efecto, seis años después, nada de aquello se ha hecho. A duras penas se ha restaurado esta casona –y mal–. Los pisos lucen chirriante porcelanato y, por increíble que parezca, no hay baños donde el respetable acuda a hacer sus necesidades. Y desde su repentina inauguración, hace unos dos años, la Casa de la Identidad Regional se está usando para actividades que no están necesariamente dentro de sus fines. La mayoría de eventos programados son, hay que decirlo, mediocres (no todos, por cierto), y evidencian un manejo errático y distante de la visión que propuso el proyecto original, donde intervino un equipo profesional del más alto nivel.

Así estamos con esta iniciativa que un día fue. En nada, o casi en nada. Y hasta el momento no sabemos qué esperan los consejeros regionales para pedir cuentas al responsable de este proyecto, que, demostrado está, le da por meter su cuchara donde no debe ni sabe. Hace rato que debería estar en su casa y en ayuno, a ver si algo va aprendiendo de gestión cultural.


T/20/12/2016

sábado, 24 de diciembre de 2016

Florilegio del Pesebre en la Literatura Regional de La Libertad



Selección: Saniel E. Lozano Alvarado

En estas fiestas de amor y fraternidad ante el hecho universal de las efemérides por el nacimiento de Jesús, con el anhelo y la esperanza de que desaparezcan las injusticias, el hambre, la violencia, la desocupación, el abandono, la incomprensión, llego ante ustedes con el mensaje sin fronteras de la poesía, plasmada a través del tiempo por un grupo de poetas liberteños incluidos varios escritores nacidos en otros lugares, que se asimilaron y acogieron al regazo entrañable de esta región.

Un abrazo fraterno y los deseos de un año pletórico de realizaciones nobles y superiores.






NAVIDAD

Erasmo Alayo (Santiago de Chuco).


Faro
que encendemos
una sola noche.

Dios no vendrá…

Somos un mundo perdido




                NAVIDAD

César Adolfo Alva Lescano (San Benito, Cascas)

Corren los tiempos y las edades
devorando los días y los años,
alternan dolorosos desengaños
en el duro vivir de los mortales.

Una luz aparece en el oriente
que abraza feliz la faz terrena,
es la evangélica grandiosa nueva
que alienta el alma del ser viviente.

Emmanuel en la tierra se le aclama
en el mes del año que termina
despertando alegría y esperanza;

Simboliza el esperado nacimiento
reviviendo el suceso venturoso
que repiten los siglos de la infancia
.





    
          NAVIDAD

            Antonio Escobar Mendívez (Guadalupe)
        
Estrellita de Belén
alúmbranos con Jesús
con el brillo de su luz
y su grandeza también.
Jesús es el dulce Edén,
la Navidad en el hogar
que nos permite abrazar
al hermano y al amigo
con la dulzura del trigo
y el rumor de nuestro mar.

                         


NAVIDADES DE MI TIERRA

Aufredi Calderón Infantes (Otuzco)

Navidades de mi tierra
sin juguetes ni champaña
sólo el cielo como araña
resplandeciendo a la tierra

Los cantos de los pastores
en casa de Margarita
anuncian que allí es la cita
de Jesús con las pastoras

Nuestra única esperanza
nuestro Niño Manuelito
nuestro único regalito
nuestra canción de esperanza

Así son las noches buenas
sin regalos ni juguetes
Papa Noel y sus paquetes
no llegan a las tierras buenas

Así son las navidades
de los niños del Perú:
Flor de Dios ven al Perú
en todas sus navidades.
    






           XXIV

 Marco Antonio Corcuera (Contumazá)
                      
¡Los cholos en la noche navideña
hacen que el niño entreabra sus ojillos,
y escuche los curiosos estribillos,
y lo que vé, parece que lo sueña!

Es el viejo barbudo el que se adueña
de todo el escenario, con sus pillos,
traviesos gestos, entre los tonillos
de caja y flauta, que maestro enseña.

Y es, entonces, la danza que se empeña
en lucir sus atuendos y sus brillos
para llevar aplausos a su peña.

Mientras las chinas cogen sus cintillos
bordando danzas que las embeleña
y las cerca en concéntricos anillos.








¿NAVIDAD, DÓNDE ESTÁS?
                               
                                          Juan Félix Cortés Espinoza (Sullana)

20 de Diciembre:
Las campanas de mi casa
dicen sí dicen no
dónde estará mi ampay
que no lo puedo olvidar.

22 de Diciembre:
Las ventanas de mi casa
dicen sí dicen no
dónde estará el pajarito
que no pudo volar.

24 de Diciembre:
Las horas de mi cuarto
dicen sí dicen no
dónde estará el zapato viejo
que no lo puede alcanzar.

25 de Diciembre
En la celda del cuartelero
dice sí dice no
no entiendo nada
por qué llora mamá.


          
            



YO TENIA UNA NAVIDAD…

                          Jorge Díaz Herrera (Cajamarca)

Yo tenía una navidad con hermanitos,
con cartas en el cielo,
con vecinos buenos…
Mi corazón corría abriéndose de brazos por tus ojos,
por tus manos,
por nuestro nacimiento.
Sin embargo todo se fue poniendo como un campo de
                                                        /yerba que se seca.
Yo tenía una navidad con hermanitos…
El mundo se terminaba en la esquina;
pero hasta ahí la alegría no subía de precio y se la
                                                       /regalaba.
Yo no sabía de los niños incrédulos.
Yo no sabía que el cartero de Dios se olvidaba de las
                                                      / puertas.
¿Recuerdas que yo era alegre como un pajarito?
Pero tenía que ponerse grande el barrio,
el campo,
el parque…
También el cielo tenía que ponerse más alto,
más lejos,
para que yo tuviera navidades de niños olvidados,
de niños que no tienen nada,
ni amor siquiera.







EL NIÑO MANUELITO

Saniel E. Lozano Alvarado (Salpo, Otuzo)
                      
Entre los musgos y shayapes
de su nacimiento,
el Niño Manuelito
mira divertido y contento:
los animales del pesebre,
las luces de colores,
la estrella de Belén,
los pastores del Perú…

Aunque el Niño no puede probar
ni los riquísimos panteones,
ni el chocolate caliente,
ni las deliciosas golosinas,
El dice que está bien
que los cristianos gocen
que en el Perú todos se abracen
y que la paz viva en los corazones.





PEQUEÑOS BOSQUEJOS
PARA FUTURAS ESTACIONES

Carlos Sánchez Vega (Cartavio)

          I
En esta navidad
los niños
querrán jugar
con fusiles eléctricos.
Vestidos de soldados
dibujarán
el rostro de la guerra
pintando
de rojo el universo.

Cuidado!

Los pequeños
terminarán
(jugando)
     con BOMBAS
de
    plástico.




CORAZÓN DE DIOS NIÑO

                                                        Dina Sánchez Baca (Trujillo)
           
Era una senda blanca,
era una senda limpia
con rastrojos de estrellas
iluminando el alma.

En silencio el silencio
se esparcía en el alba
y el Dios niño quedóse
contemplando una malva.

Tanta planta a sus plantas
y en las ramas, los nidos,
aquietando los sueños
se quedaron dormidos.
Corazón de Dios niño
hecho cruz de luceros,
cómo añoran los campos
tus pasitos ligeros.




NIÑITO JESUS

Luis Valle Goicochea (La Soledad, Pataz)

NIÑITO Jesús
te doy un aviso,
y sea en secreto
y muy despacito:
mi mamá te está
cosiendo un vestido,
con orla dorada
de linón blanquísimo,
como para ti
niño lindo, lindo.
Y Clarita teje
blancos zapatitos
que son para ti,
ella me lo ha dicho.

Yo, ¿qué te regalo?
¿Quieres un pollito?




LA NATIVIDAD

                                                José Watanabe Varas (Laredo, Trujillo)


Esta es tu patria, hijo mío,
un establo donde tu madre
                       ya duerme
de regreso a nuestra especie:
                            hasta ahora
ella era un animal mítico: el vientre
                           avanzado
                           y habitado
por Ti, entonces voraz nonato,
que le consumías hasta los huesos.

Soy un hombre añoso, he visto
todo. Sin embargo,
me sobrecoge mirarte, mi recién nacido:
                       a pesar de las madres
todo niño abandonado
sobre la vastedad de una tierra callada.

Tu madre,
muchacha todavía sorprendida
            por Ti, no cantó
una canción de cuna. Mirándote
solo murmuró inacabablemente:
            es espantoso esperar de Él
                            lo que esperan.





              


                                                                       Bethoven Medina Sánchez (Trujillo)

                                                                             
                                                                                  A la memoria de mamá Mercedes
                                                          
                                                                    

Otra vez metido en la botella de mi sombra -madre¬-
la navidad con pasos y tacos monocordes, garúas desplomándose.

El año es un árbol ahogándose desesperado en mi garganta
cántaro irresistible
por la perezosa anciana desde una guitarra.

Volteo la página al tiempo como a un bacalao abierto.

Mi lápiz pie de venado cae endeble
en lontananza del vacío acorralado, quebrado piar
como yo, recuerdas?
en el muelle frente al mar que es la vida
circundado prisma manuable/ deambulante pez en tu corazón,
resbalándome en tus venas.

La navidad es una Srta. que se olvidó el N° telefónico
para llamarme comiendo zanahorias con los conejos,
(me rondas las 24 del 24)

Despiertas la soledad y la espantas con los pollos
su rostro de madera de la que hiciste mi cartilla
para este diciembre sin cuerpo.

Francamente, me acuerdo de mi muerte, viajando pensativo,
y entre hortensias se estira el pabilo de mi infancia.

Construías la estrella para la ventana
y nunca llegaron los reyes magos, ni barcos a mi puerto.

Ya no esperas las notas del colegio que borraste llorando
alegre y de pie sobre tu corazón
y tengo ganas de llorar y salir a caminar sin rumbo
porque el hombre ha perdido su rosa marítima
y con tus cantos no deshojas el cielo.

Tengo pálidos años, L.E. 7572491, universitario, ex alumno tuyo
que mantiene tu fotografía sonriente
rumor de las esteras llamando a pájaros sin especie
la casa de adobe tierno temblor
nuestras ventanas abiertas manos de niños que lloran.

Es Navidad
la vida, entonces, es una carta indeseada bajo la almohada
en tanto diciembre -como un tren- pasa interrumpiendo latidos
tus ojos y su mirar dan golpecitos a mis huesos de yeso.

Jesús debe buscar el trompo extraviado en juego callejero
son las 5.57 pm. hoja de palmera
y saldré a prolongar tus consejos en esta caracola apagada de
la tarde.






                 NAVIDAD
                       Róger Lázaro Ynca (Trujillo)

Ojalá esta vez
que nazca
el Hijo del Hombre
el único pesebre
sea
esta hoja en blanco.














     EL NACIMIENTO

                                                                          Aída Vidal Arias (Pataz)

Con flores, césped y musgo,
mil figuritas de yeso,
muselina, gasa y junetos,
mamita armó un nacimiento.

Bajo un cielo azulino
se extiende verdes llanuras
y en la falda de los cerros
se recuestan las casucas.

Pastores con sus corderos
llegando al portal se ven,
y allá, cerquita, las luces
de las casas de Belén.

Hay quebradas y lagunas,
ríos, valles y montañas,
bosques de verdes palmeras
y palacios y cabañas.

En la puerta del pesebre
se ve un vivo resplandor;
es la estrella que nos dice
que allí nació el  Salvador.

Y Dulce y Divino Niño,
en su camita de paja,
sonríe y es su sonrisa
como un rayo de esperanza.

José y la Virgen lo miran
inmóviles y en suspenso,
mientras la mula y el buey
le dan calor con su aliento.

Y sobre sendos camellos
por tortuosos caminos
vienen los tres Reyes Magos
trayendo dones al Niño.




                 NAVIDAD

                                                               Gerardo de Gracia (Santiago de Chuco)

Navidad,
vienes de nuevo ahora, cuando
Yo ya soy un hombre;
Cuando el sol se va quitando
de mi vida,
porque ya es tarde;
Cuando la sombra ha roto
la ilusión
de la leyenda y la fantasía.
Te hubiese querido ayer
con la primera luz que encendían
los zorzales;
cuando jugaba en mi alma
un niño;
cuando todo era fiesta;
cuando el mundo tenía el color
de las espigas
y por la porfiada fragancia
de las madrugadas.
Yo no te vi jamás junto
a mí
o tal vez tú no quisiste encontrarte
conmigo
por temor a que pudiera pedirte
muchísimos regalos.
En cambio, yo sí hubiese querido
mostrarte
Mi único juguete armado con carretes
de hilo.
Mamá me ha contado mucho de ti:
de tus atavíos,
de tus luces mágicas,
de tu ramo de trinos junto
a la farola
de una luna llena.
Navidad,
por eso quiero que vuelvas
trayéndome la luz que negaste
a mi infancia.
Y trayéndome también,
al finar este año,
un recado de amor para tantos
otros niños
que no tienen a nadie.
No tardes, Navidad.
Mi ser es un zagal que extravió
su flautín
y llora al no encontrarlo.




viernes, 23 de diciembre de 2016

ÉXODO A LAS SIETE ESTACIONES DE BETHOVEN MEDINA


Por: Miguel Garnett

         “Éxodo a las Siete Estaciones”, es un libro extraordinario, y pienso que la mejor expresión para describir la sensación que su lectura produce se encuentra en una frase en el inglés: mind-blowing –que quiere decir algo como una explosión mental, una experiencia que te deja impresionado, fascinado, extasiado, embobado, aturdido, todo a la vez–. Sí, leer este libro es tener esta sensación. Nos ofrece una borrachera espiritual e intelectual, un viaje de ideas entre los planetas y las estrellas mejor que cualquier experiencia bajo la influencia de sustancias alucinógenas.
Como instrumento para indagar y exponer la compleja realidad que es el tema de esta obra, la poesía es más adecuada que la prosa porque su lógica no es necesariamente lineal. Nuestro autor nos ofrece una poesía que no es romántica, ni nostálgica –por más válidos que estos géneros sean–; no, esta es una poesía especial, una poesía de ideas que provoca a pensar. Es una mirada penetrante a la realidad de nuestra vida y su entorno; pero, aunque penetrante y nos lleve velozmente de un concepto a otro, no es una mirada incomprensible, expresada en un lenguaje obscuro. Muchas veces, hoy en día, se escucha a personas –sobre todo mayores– que intentan leer poesía contemporánea o mirar cuadros abstractos, quejarse que no entienden nada. Para ellas, el lenguaje del arte moderno es un idioma totalmente foráneo. Me atrevo a decir que este no es el caso aquí. Bethoven no usa un lenguaje obscuro, pero tampoco ofrece una lectura fácil. El lector se encuentra obligado a ser un Teseo y entrar en un laberinto de ideas y conceptos.
Con saltos en las siete direcciones, el lector viaja entre las galaxias de aspiraciones humanas, de dogmas religiosos, de mitologías y de conceptos filosóficos, como también zambulle hasta las profundidades de los océanos más hondos de los sentimientos del ser humano; todo esto en compañía del ingenio imaginativo del autor. En casi cada estrofa de cada poema, Bethoven relaciona ideas y conceptos de los más variados. En “Los Siete Cuerpos del Hombre” encontramos en el “Cuerpo Astral” a Matusalén, un “transcurso astral, álbum de luz”, y luego “glándulas tiroides”, “el séptimo planeta: la tierra”, “cruces y las siete trompetas del Ángel” y “caminar felices sobre el Mar Rojo”. El Ángel y el Mar Rojo nos llevan de un salto hacia atrás en la Biblia desde el Apocalipsis hasta el Éxodo. Además hay una mezcla de alusiones: se camina a la salvación a través del Mar Rojo, escapando como los Hijos de Israel de la esclavitud de Egipto, y encontramos otra dimensión de nuestro ser, caminando sobre el agua –como Cristo lo hizo en el Mar de Galilea–. Y esto no es todo en el poema del “Cuerpo Astral” porque en la primera estrofa hay “aves que cantan; en tanto, la tarde pasa con su ruido meciendo los algarrobos”. Luego, en la última estrofa “los árboles se agitan como mástiles”.
He dicho que este libro de Bethoven Medina nos lleva por un viaje entre las galaxias, pero esto no quiere decir que tanto el escritor como el lector estén en las nubes, y es notable que en la séptima sección se reflexiona sobre “Los Siete Ensayos de la Realidad”. Aquí, con José Carlos Mariátegui, aterrizamos en la “Evolución Económica”, en el conflicto perenne entre el “Regionalismo y Centralismo”, en el “Problema del Indio”, en el “Problema de la Tierra”, en la “Instrucción Pública”, y en el “Factor Religioso” donde “usaron mensaje del Señor esclavizando…
 Ahora, debe modificar su sueño de algarrobo;
 y la luz, emoción de tierra húmeda con ganas de levantarse,
 permitir a los descendientes, pensar
 y saber, que el alma necesita de fuente cristalina”.
Como ya debe ser obvio, el número siete es el hilo conductor del libro que consta de siete secciones con siete poemas en cada una. Siete es un número perfecto porque es la suma de tres –lo celeste– y cuatro –lo terrenal–. Cada poema tiene tres estrofas con siete versos. Nos encontramos con los siete días de la creación, las siete notas musicales, los siete días de la semana, los siete cuerpos del hombre, los siete planetas, la Guerra de los Siete Años, las siete maravillas del mundo, las siete artes liberales, las siete palabras de Jesucristo desde la cruz, los siete colores del arco iris, los siete pecados capitales, las siete virtudes teologales, los siete sacramentos, los siete dolores de María, los siete espíritus delante del trono de Dios, las siete Iglesias del libro del Apocalipsis, donde hay el libro de los siete sellos y luego las siete trompetas –que también se encuentran en el libro de Josué para ser tocados por siete sacerdotes, al séptimo día, cuando los Hijos de Israel dan siete vueltas a Jericó, provocando así la caída de la muralla de la ciudad–. Y, como si esto no fuese suficiente, hay muchos sietes más, entre ellos el relato de Génesis de los siete años de abundancia cuando José es virrey de Egipto y luego los siete años de escasez y hambruna. Además, nuestro autor nos hace ver que, según Shakespeare, siete son las edades del hombre y, como ya se ha indicado, hay siete direcciones en que se puede mover.
            Aunque todos nosotros siempre hemos estado conscientes de los siete días de la semana –el intento de los revolucionarios franceses de reemplazar las semanas de siete días con meses divididos en tres décadas fracasó– dudo si hemos sido realmente conscientes de la importancia del número siete. Probablemente en general, los significados cabalísticos de los números nos dejan indiferentes, y quizás el único que se clava en nuestra memoria es el 666, el número de la Bestia. Si siete es el número perfecto, al multiplicarse por tres, otro número perfecto, el resultado obtenido es 777. Esta es la máxima perfección. 666 falla rotundamente y, por eso, es el número de la máxima imperfección.  En un análisis del libro del Apocalipsis se podría hablar más sobre el 666 en relación al César Nerón y su persecución de los cristianos, pero aquí esto resultaría ser un tangente irrelevante.
Además de ser una experiencia, la lectura de “Éxodo a las Siete Estaciones” es un “¡Ábrame sésamo!” que permite al lector entrar, como Alí Babá, en una cueva donde hay un gran tesoro – en este caso, un tesoro de información–, y quisiera mirar más de cerca algo de este tesoro. En el capítulo dedicado a los siete días de la semana leemos de los dioses de la mitología romana que dan sus nombres a estos días. La Luna Diana nos da lunes donde leemos en la segunda estrofa: “y nuevamente el día se peina como 'niño de siete virtudes’”. Felizmente, Bethoven añade un Anexo al final del texto principal del libro donde la información en cada estrofa es ampliada, como en este caso que nos dice cuáles son estas siete virtudes. La tercera estrofa de lunes menciona la Plata, y el Anexo nos informa que esta es uno de los siete metales antiguos. Con respecto a la mayoría de los otros días, menciono aquí simplemente el nombre del dios respectivo al día según la mitología romana. Marte, el dios de la guerra, nos da martes. Mercurio, el dios del comercio, nos da miércoles, y Júpiter, el padre de los dioses, nos da jueves. Venus, la diosa del amor, nos da viernes, y Saturno, el dios de la agricultura, nos da sábado. Aquí Bethoven no hace mención del shabat hebreo, que significa descanso.
Ahora, seguramente alguien me preguntará: “¿Qué dice Bethoven con respecto al domingo que es el primer día de la semana?” Bethoven, correctamente, vincula el domingo con el dios Sol, Apolo, connotación que existe en el inglés, que llama el día: Sunday, y en el alemán, que llama el día: Sonntag. Bethoven no toca el significado del nombre domingo en el español; este viene de Dominus en latín, Señor. Es El Día del Señor, y, como dice San Justino Mártir en su “Apología” –escrita cerca del año 155 d.C. – es día honrado por los cristianos por ser el primer día de la Creación y también el día de la Resurrección de Cristo. Ahora, cabe notar que bajo la influencia del secularismo, muchos calendarios colocan el domingo al final de la semana. Esto lo veo como un ataque solapado contra el cristianismo en el espíritu de los revolucionarios franceses que querían establecer la década desvinculada completamente de toda connotación religiosa.
En el epígrafe de la última sección del libro de Bethoven, “Los Siete Ensayos de la Realidad”, hay una cita del Libro IV del Infierno de la “Divina Comedia” de Dante Alighieri que dice: “llegamos al pie de un majestuoso castillo rodeado de siete murallas defendidas por un riachuelo transparente”. Curiosamente, Bethoven no hace mención de la “Montaña de los Siete Círculos, o Terrazas del Purgatorio”. Lo digo, no en un espíritu de crítica porque hay demasiada riqueza en este libro para perdernos en un hueco negro del firmamento que Bethoven describe, sino simplemente porque fue tomado como título de uno de los libros religiosos más influyentes del Siglo XX. Lo leí durante una noche cuando era un estudiante universitario y creo que me impactó como este libro de Bethoven pueda impactar a sus lectores. Este impacto podría ser por la cantidad de información que hay en sus 134 páginas, pero aún más por las relaciones fascinantes establecidas entre las ideas y los conceptos del libro. Cito como un ejemplo la segunda estrofa del poema DO:
            “Cuerpo físico / arenoso:
            te encontré como un anillo, un viajero en el camino,
            construida ceremonia del Apocalipsis.
            Gaviota sin alas, barca anatómica,
            en rincones de la carne e infinito
                                   estoy pensando y sintiendo
            la luz espléndida bajo la lluvia de la Vida”.
Si bien es cierto que he observado algunas cosas no mencionadas por Bethoven, no quisiera con esto menoscabar la riqueza del libro y el lector debe consultar el Anexo al final que he mencionado para informarse de muchas detalles que no he comentado aquí.    
En varias oportunidades, cuando me ha tocado ser el presentador de un libro, he dicho que si hablamos de la creación del mundo como un Big Bang –una explosión de energía que sobrepasa nuestra comprensión– creo que cualquier acto de creación humana es un Little Bang –una explosión de energía que produce algo nuevo; sea una obra de arte, o un avance tecnológico, como una computadora o un cohete espacial, o lo que sea. En el campo del arte, si lo que digo es válido para una estatua de Praxíteles o un cuadro de Leonardo Da Vinci, un diálogo de Platón o una novela de Dostoievski, me parece que también es muy válido para este libro de Bethoven Medina. Aquí hay una explosión extraordinaria de energía.
Por una casualidad, al mismo tiempo en que estuve reflexionando sobre este laberinto ofrecido por Bethoven, y tratando de penetrar en las distintas dimensiones de la realidad que él nos presenta, cayó en mis manos una serie de ensayos agrupados bajo el título de “Lacrimae Rerum”, del filósofo, sociólogo y psicoanalista esloveno, Slavoj Zizek. En su libro, Zizek analiza las películas de varios cineastas de renombre con la finalidad de penetrar debajo de la realidad proyectada –que él llama ilusión– a una realidad más profunda y real. Creo que esto es lo que pretende hacer Bethoven en este libro y me hace recordar que cuando yo estaba en la Universidad Gregoriana de Roma, nos enseñaban una frase de la “Suma Teológica” de Santo Tomás de Aquino –“quidquid recipitur ad modum recipientis recipitur”(1)– que quiere decir que cada persona recibe y codifica información a su manera, y Manuel Kant postula algo parecido en su “Crítica de la Razón Pura”, publicada en 1781. Ambos filósofos nos están diciendo que no tenemos en la mente un conocimiento de la realidad en sí, sino un conocimiento siempre refractada a través del prisma de nuestra personal manera de ser.
Entonces, con esta formación filosófica, cuando estuve enseñando la Historia del Cine aquí en la U.P.N. animaba a mis estudiantes a mirar debajo de las imágenes proyectadas en cada película –lo que podemos llamar el texto de la película– para descubrir el subtexto. Ambos niveles, texto y subtexto, son realidades a su manera, pero es el nivel más profundo, el subtexto, que nos permite entender lo que el director quiere decirnos a través del texto.  –que muy bien pueda ser poco más que una ilusión–. Para dar un ejemplo de esto quisiera mirar lo que apunta Slavoj Zizek en otro libro donde analiza la película “The Full Monty”, una comedia inglesa en que un grupo de desocupados deciden a dedicarse a hacer el striptease para solucionar sus problemas económicos. El striptease es una imagen que nos invita a desenmascarar el texto y penetrar a lo plenamente real del subtexto. La película se abre con la marcha orgullosa de la industria metalúrgica y luego viene el colapso, y el desnudarse de los obreros desocupados no es un acto vulgar o pornográfico, sino una manifestación sin tapujos de la verdadera realidad de su situación socio-política y económica.
En sus análisis, Zizek entra en el mar complejo del psicoanálisis y de la filosofía del francés, Jaques Lacan, pero yo, por mi parte, no pretendo zambullir más en aquel mar, porque sé que me ahogaré. Solo quiero enfatizar aquí que el libro de Bethoven ilustra lo que dice Zizek, que la realidad de este mundo es sumamente compleja, y que muchas percepciones nuestras no son más que ilusiones encubriendo realidades más profundas. Encontramos esto, precisamente, en lo que la Iglesia enseña con respecto a los sacramentos. Un sacramento es un signo concreto y visible que contiene una realidad más profunda e invisible: por ejemplo, el pan de la Eucaristía es simplemente pan para el paladar, el tacto, y el ojo, pero en su realidad profunda es el Cuerpo de Cristo. Aparte de hablar de diferentes niveles de la realidad, Bethoven nos indica que hay relaciones complicadas, y hasta sublimes, entre las distintas realidades. Entonces, como ya he indicado arriba, Bethoven nos invita a entrar con Teseo al laberinto para descubrir la realidad del Minotauro.
Quizás algunos de ustedes vean que esta gira por el cine sea una indagación innecesaria en otra arte, ajena a la poesía. Entonces, aparte de apelar al ejemplo del uso del cine que Slavoj Zizek mismo hace para analizar nuestra experiencia de la vida y las realidades que nos rodean, apelo también al Papa Francisco quien, por primera vez en la historia de los documentos papeles, cita una película en su reciente Exhortación Apostólica, “Amoris Laetitia –“La Alegría del Amor”–. La película que el Papa cita es “La Fiesta de Babette”, rodada en 1987 por el cineasta danés, Gabriel Axel.
            Ahora bien, al comentar esta obra de Bethoven, llena de metáforas, quisiera añadir las mías. Veo al lector como un colibrí que vuela de flor en flor para beneficiarse de su néctar. Aquí hay flores de todo tamaño, de todo perfume y de todo sabor. Entonces, no es aconsejable intentar leer esta obra después de un almuerzo suculento, acompañado con un buen vino, porque la mente no estará con la agudeza atenta que la lectura requiere. Más bien, hay que leer el libro después de una ducha fría y con un café cargado a la mano. Además, si bien es cierto que la obra nos ofrece saciar en buena medida la sed de nuestra curiosidad, no es un vaso de Coca-Cola, ni tampoco una chela bien helada, que se traga entre broma y broma. Más bien, es un licor fino que se toma a pequeños sorbos en copitas de cristal. Hay que saborearlo, darle vueltas en la boca, apreciarlo, y pensar.
            Espero que lo que he dicho con respecto a este libro fascinante no le haya asustado a ninguno de ustedes como lectores potenciales –al fin y al cabo, una de las tareas del presentador es animar al público asistente a comprar y leer la obra–. Pero, por si acaso, si temas que para leer el libro te hará falta una enciclopedia en la mano, como ya he indicado, hay un Anexo bastante amplio con notas explicativas para cada capítulo.
            No puedo concluir esta presentación sin hacer una referencia a las ilustraciones, tanto en la carátula como en los interiores. Están acompañadas por las citas que preceden cada capítulo y añaden una dimensión más a esta obra profunda y polifacética.
            Ahora, a modo de conclusión, les dejo con lo que Bethoven mismo dice al final del último poema del libro:

            “En cada palabra mía, cae la lluvia y estallan en luces;
            si el siete significa perfección del ser humano,
            no solo sentimiento, el claro Saber sea en mí.
            Abrazado al Sol, ingresaré al paraíso,
            al cubierto Edén que llevamos adentro, energía en Unidad,
            como luz en ojos todos,
            y con mi voz que canta al hombre: a su creación y evolución.
                                  
                                              
(1)          Suma Teológica, 1ª, q 12, a. 4.