Día: jueves 1° diciembre 2016
Hora: 3:00 p..m.
Lugar: Auditorio I Feria del Libro de Trujillo.
Por Luis Cabrera Vigo
I
La carne nos contiene, querámoslo o no. Nos define, nos limita,
nos da la dimensión, un tamaño determinado, finito. Sus azares nos acompañan
hasta el último aliento vital.
¿Es la Poesía la vía para ser más que carne, barro olvidado
sobre la faz de la tierra?
¿Cómo unir lo intangible, lo infinito con lo carnal, lo
material, lo que en este segundo muere en cada uno de nosotros?
"El Poeta es carne encendida nada más. Y la Poesía, una
llama sin tregua", ha escrito Leon Felipe, el poeta de España.
"La
carne con olor a tierra /conoce la plegaria /contra los mensajeros de lo
irreal", propone Homero Aridjis desde México.
Mientras
que Vinicius de Moraes apuntó que lo que importa entre “el cielo y en la tierra
es su palpitante carne”.
Podemos
parafrasear a los textos canónicos que al inicio fue la Poesía, la Palabra (el
verbo) y luego la Carne.
“Los
poetas son los guardianes de la palabra”, escribe el profesor de literatura
chileno Cristián Warnken. Dice aún más: “Tal vez sean los poetas los únicos que
no han abdicado ante los cantos de sirena de la lógica del poder y del mercado.
Los grandes poetas, no los famosos”.
Poesía
y Carne. Lo sublime y lo que se deshace, se pudre.
Poesía
versus Carne. Uno frente a la otra. Desde arriba la Poesía posa su aliente
sobre el cuerpo. Desde la burda superficie la Carne aguarda.
“Poesía de tu carne” es lo que promete/ofrece Marie Linares en este
breve tomo de ediciones Prometeo Desencadenado de mi amigo el Poeta Stanley
Vega, a quien conocí en los aún presentes días de los 90s.
Hablando
de la Palabra, nuestra poeta aquí presente, bautizada como María Elena, nació
en el mes considerado por antonomasia de las Letras, nació el 16 de abril de
1984 (Aries). Fecha en que Odiseo empezó el retorno a su Ítaca. Día del
nacimiento de poetas como del fundador del dadaísmo Tristan Tzara y el peruano
Abraham Valdelomar. Las personas nacidas en este día están regidas por las
preguntas sobre el misterio de la Vida y tienen buen humor.
II
Este
libro contiene 33 poemas. Cada palabra, cada verso son el señuelo para entrar
al universo poético de Marie Linares. Un mundo que transita por la música, el
perfume, la agonía, pero sobretodo la “dolorosa carne”.
Hay
que destacar su voz firme, tributaria de los poètes maudit francesas, pero re-elaborada, nueva.
Para
acercarme, atisbar nada más, al trabajo literario de Marie Linares, me he
detenido en Como se ve ella como Poeta y
el Destinario/a de sus versos.
En la primera categoría, en el poema “Duelo de páginas” ella se ve
como la poeta de invierno, la poeta cuervo, alguien que se deja “timar por
vendedores de sueños caros”, es sangre que cae como lluvia del techo de su
alma, una intérprete del silencio.
Te llevas mis venas,
duelo de páginas sacras,
pulidas heridas abiertas
y mi mano escribidora sangra que sangra.
Sangra de tanta muerte, sangra por la ofidia
despiadada.
Podría inventarte un nombre
pero mis páginas rojas
prefieren llamarte muerte.
Ahí en ese poema el
Destinario es la muerte.
En el poema “Réquiem a orillas
de un río en la luna”, la escritora es su dolor y es una niña. Dice:
“La niña… Oh sí… Una niña esconde la faz de mí.
Logré verla: ¡Fui yo!, soy ella y no lo soy”.
Versos arriba en
el poema, Marie pregunta: “¿Oyes? ¿Hueles?” y responde: “Es
la plena densidad de la muerte”.
Es
decir, la muerte presente a casa instante, en cada poema lo ronda, como
recordándonos que al ser Carne, estamos condenados a ser cadáveres y polvo.
Me detendré ahora en dos
poemas: “Caníbal” y “Hoy cenó la poesía de tu carne”.
“Caníbal”
porque la antropofagia es una práctica entre los primeros homínidos hace 800
mil años. Esta se explica como acto ritual, porque no existe más alimento o
porque hay personas que no pueden controlar sus impulsos agresivos.
En
el poema es el amante quien se come el corazón de la poeta, pero al mismo tiempo
se contempla.
Arrancaba la carne y se la comía.
Sentada en la acera yo le veía chorrear el carmesí
por debajo de la mandíbula bruta
como cruel vándalo siniestro.
¡Sin lágrimas!
Sin sentir el sudor sobre mi cuerpo
caminé hasta su camisa,
deslizando mis manos
en ademán de misericordia.
¡Inútil bestia cruenta!
Y uno de los que más me
encantaron es el final, aquel de donde proviene el título del Poemario de Marie
Linares.
“La
poesía de tu carne”, donde luego de invocar al diablo que viene a robar la Copa
de los Poetas (el absenta de los maudit)
y todo empieza a saber a tierra, las paredes se derriten, el cuerpo de la poeta
muta y sin mayor preámbulo una persona o un ente aparece delante de la escriba,
que sin saberlo se convertirá en su pasto, en su alimento.
Bienvenida sea tu palabra,
Marie.

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